Hoy conocí una sirena. Llevaba un par de pantalones púrpuras y converse que algún día fueron blancas, pero yo no me dejo engañar facilmente. Era una sirena, no me cabe duda. Tenía el pelo exactamente como Amanda Seyfried en Mamma Mia y llevaba apretados contra el pecho dos libros gruesos de filología (vasca y ecdótica). Se movía con una gracia que no corresponde a los que viven en el aire y en la tierra. Era casi como si a su alrededor el aire fluyera con una densidad distinta, más espesa y más acuática. Me le quedé viendo totalmente cautivada, una Ulises cualquiera amarrada a mi banca de biblioteca para no lanzarme.
Prueba contundente: Cuando me dio la espalda vi que llevaba en el cabello un broche de plata en forma de estrella de mar.
lunes, julio 26, 2010
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