No se si alguien ha intentado salir a correr llorando, pero es un fail desde el inicio: el ritmo todo mal, la respiración se te corta muy rápido, no estas segura por el volumen de la música si vas sollozando o haciendo ruidos de corredora genérica y además te duele la cabeza. Solo pude hacer la mitad de mi recorrido habitual antes de claudicar y regresar caminando.
Y en esas venía, caminando, con los ojos todavía brillositos y pensando en la injusticia terrible que constituye que por fin existan los cohetes individuales y todavía no exista la teletransportación, cuando vi que un viejito movía la boca y me miraba. Me quité los audífonos, mi capsulita de aislamiento del mundo, y le puse atención.
-Nada más quería decirte que qué moza tan educada, ya nadie se espera en los semáforos, y tu ahí paradica esperando a pesar de que no venía un solo coche.
-Ah, si, bueno...
-Si, pero es importante respetar las señales de tráfico, por más que tengamos prisa están ahí por un buen motivo, para protegernos...luego por eso suceden los accidentes.
-Es verdad, si.
-Y ¿vienes de hacer ejercicio? Ahora todo mundo se cuida mucho, se van a correr, comen bien, ya no quieren tomar vino.
-Bueno, solo fui a correr un ratito aquí a la ciudadela.
-¿Cuántos años tienes?
-26.
-¡Yo te calculaba 18! Qué majica que eres, qué majica...¿estudias?
-Si, arquitectura.
-Las mujeres de hoy en día se preparan tanto, todos se preparan tanto... ¿vives con tus padres?
-No, viven en México.
-Pues déjame decirte que una chica como tu, tan educada, tan preparada... tus padres están muy orgullosos de ti. No te digo deben estarlo, porque están. Una chica tan bonita por fuera y con un corazón tan grande-
-No, no es para tanto-
-¡Que sí! Con lo agradable que es que la gente sea así, amable, y poder charlar un rato... tus padres que te heredan la educación seguramente están muy felices de tener una hija como tú. Yo ahorita me puedo salir corriendo con esto (coge mi iphone de los audífonos en lo que yo sopeso la alta improbabilidad de que este viejito pueda correr) pero la educación no te la puedo robar, no te la puede robar nadie, es TUYA. ¿Ves por qué es tan valiosa? El dinero es un huésped cómodo, pero puede irse, y venir, y tu sigues siendo tú, la educación es una riqueza distinta.
En este punto de la conversación ya nos habían pasado tres o cuatro semáforos en vano, y ahí estábamos el viejito y yo, a media calle, en el camellón mientras él me hacía casi llorar con sus palabras, y él casi lloraba de tener alguien con quién platicar.
-Qué majica, de verdad, si yo tuviera 30 te diría que no te regresas más a México, y te llevaría conmigo a Estella. Pero para mi ya es muy tarde, muy tarde...pero podemos ser buenos amigos.
-¿Tiene hijos?
-No, soy soltero, nunca me casé. Mi padre murió cuando yo era joven, y mi madre se puso muy mala. Alguien tenía que cuidarla, y estar con ella. A mi madre yo la quise muchísimo, ustedes las mujeres tienen un corazón tan grande... los hombres somos buenos, muy buenos, pero no tenemos esa capacidad de amar de una madre. A ustedes el corazón les duele de hacerse tan grande. Y yo no la quería dejar sola, pobrecilla. Ella me decía que podía casarme, pero una esposa y una suegra en casa no se llevan bien. Siempre pensé que cuando ella muriera... pero mi madre murió a los 87 años, y ya era muy tarde para mi. ¿Te puedo invitar a un cafelito?
-Pues...sí. Hay uno aquí justo detrás de nosotros.
-Ay, qué encanto eres maja, y cómo te brillan los ojitos, parece que echan chispas. Soy José.
Don José me invitó a un café, me contó la historia de Trini, una mujer que le propuso matrimonio cuando él tenía 18 y ella 20 y de cómo ella lloró desconsoladamente cuando él le dijo que no ("Yo era un crío, pero esa imagen no se me va de la cabeza nunca, la pobrecilla llorando"). Me contó de su huerta en Estella, de cómo prepara dulce de membrillo, mermelada de higo, conservas de peras ("¡ya verás la siguiente vez que venga, te vas a hartar de dulces!"). Me contó del servicio militar, de la muerte de su padre y años después, la de su madre ("Para un hijo es una satisfacción muy grande estar junto a sus padres en la hora de su muerte y saber que lo hemos hecho todo por ellos, que no los hemos dejado solos"). Me explicó que lo van a operar la semana que viene, así que no podrá venir a Pamplona por un tiempo, y después me apuró para que me tomara mi café. Después como todo un caballero, me acompañó hasta la esquina de mi casa y prometió volver de visita pronto.
Cuando se despidió de mi, me dijo que hoy iba a soñar con los angelitos, y se me estrujó el corazón.





5 comentarios:
Siempre es padre que hay gente así que te levanta en los momentos cuando una anda chipi y qué suerte de encontrarse un amigo así que te cuente historias, muy bonito post :)
Son muy poquitos los momentos en la vida en los que nos dejamos tocar por un desconocido de esa manera.
Que agradable experiencia.
:)
besos
Karen, he soltado una lagrimilla...
muchas veces es mas facil hablar con desconocidos que con quien tienes enfrente.
lo de conversar con desconocidos es algo que se deberia revalorizar y nunca perderse, siempre se encuentra alguna perla escondida
Precioso. No tengo palabras.
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