La biblioteca de la casa de mis padres revela que yo de puberta era una feminista en potencia. Nada radical, esto es México, mi familia es norteña y hay límites. Francesca Lia Block, Nancy Garden, Ophelia speaks, Girls speak out... quería saber todo sobre ser una mujer joven. Mi sueño era vivir con mi mejor amiga en NY. Lo sé, todo parece terriblemente lésbico. Supongo que de alguna manera lo es. Lo que buscaba eran respuestas a otros modelos de vida, lo que buscaba eran alternativas y opciones sobre cómo ser. Y también quería aprender, quería ser una persona "de mente abierta". Creo que sentía un montón de cosas y pensaba otras y trataba de justificarlas, de entenderlas, de saber si más gente se sentía parecido o si yo era un pinche bicho raro en la faz de la tierra.
De los 11 a los 18 estuve inmersa en una burbuja de hormonas y búsqueda, y déjenme decirles una cosa: las hormonas y la búsqueda no mezclan bien. Devoré cuanto poema deprimente existía, pertenecí a una comunidad online de pubertas creativas y hormonales como yo, lloré por muchísimas pendejadas, me entablé en peleas dramáticas con mi mejor amiga en público etcétera etcétera etcétera. Muchas de las cosas que leía ya sea en internet o en papel confieso que me atrapaban por sus diseños cool y sus colores brillantes. Sin embargo, todo eso que muchas veces rayaba en la estupidez me llevó de la mano a conocer a muchas autoras y muchos libros que no hubiera leído de otra manera. Es lo mismo que cuando tenía 8 y de la Selecciones de reader's digest solo leía gajes del oficio y la risa remedio infalible. O cuando tenía 10 y leía Baby-sitters club y Goosebumps. No es la cosa más culta del mundo, pero se digiere tan fácil y fomenta el hábito de la lectura. Da paso a leer otras cosas más adelante. Nunca me prohibieron leer nada, a pesar de que me gastara una gran cantidad de mis ahorros en paperbacks basura. Nunca me dijeron "Estas muy chica para leer esto" y estoy profundamente agradecida con mis padres por eso. Anyway. A lo que voy es que Francesca Lia Block y Judy Blume me abrieron los ojos de la misma manera que Ani Difranco y Tori Amos me abrieron el corazón. La primera vez que escuché a Ani me explotó el cerebro. La primera vez que leí a Plath estuve a dos de cortarme las venas con una gilette schick silk effects. Y creo que con la pubertad no superé mi vena histriónica.






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